Ontológica diafanidad

[Los grabados de Graciela Buratti]

A través de sus grabados, especialmente en los de la serie “A la mar…”, Graciela Buratti conversa con temas que atrapan la mente de filósofos y poetas, como lo son la inmensidad y lo mínimo, entre otras cuestiones. En sus imágenes se observan piedras, horizontes y aguas, y se comprueba una noción del retrato natural que, a poco de ser examinada, deja ver inquietudes espirituales asociadas a la contemplación y el reposo, a la infinitud y a los bordes.

En los sitios donde el mar se encuentra con la tierra, o en la homogénea constitución de algunas estructuras particulares, la artista señala diversas formas que posibilitan la urdimbre de una trama que funde lo cristalino con la ombría. Las luces y las sombras, entonces, van edificando espacios abiertos e inacabados, llenos de totalidad y explicitud, aunque también de inquietudes y misterio. Estas atmósferas y topografías, que son oceánicas e iridiscentes, se concentran en lo hialino y diáfano, en lo transparente e iluminado, en la luz y en la ausencia de la misma.

Dicho de otra manera, la fragilidad y la transparencia caracterizan la esencia de estos trabajos. Las intrigantes ondulaciones en las superficies de las aguas, los amontonamientos submarinos de piedras y las circunstanciales formas creadas por el hombre, por ejemplo, atrapan la mirada por diferentes razones. No sólo se trata de composiciones y equilibrios, en fin, de pregnancia. Se trata de algo más, algo primario que nos embarga a poco de otear estos universos. Buratti, quizá sin proponérselo, invita a recrear situaciones de entereza, ingenuidad y asombro. De diversas maneras recordamos momentos en la vida donde todo semeja un mundo a descubrir. Frente a estos trabajos nos reconocemos niños: seres al inicio del tránsito; y volvemos a contemplar la inmensidad y lo ínfimo. De ahí la peculiaridad ontológica de la serie “A la mar…”: nos conduce hacia situaciones íntimas en las que nos maravillamos ante lo que es. En ellas la umbría se vuelve diáfana y lo claro consigue representar a la oscuridad. Todos los algoritmos cotidianos se presentan con su simpleza, y los problemas particulares no dudan en mostrar su complejidad. El vacío se distingue de la nada y la cultura vuelve a introducirnos en la vida.

Miguel Ángel Rodríguez

 

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